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Con alma de bandoneón

Con alma de bandoneón

12 dic 2010

Pablo Borgia es el primer egresado de la carrera de bandoneón del IUPA. Tras gran cantidad de años de estudio, el músico egresa, y abre el camino para futuros artistas.

 

 ROCA.- El bandoneón es un símbolo ineludible cuando se habla de tango. Sin embargo, el instrumento nació a fines del siglo IXX, para reemplazar al órgano de iglesia, cuando se realizaban las procesiones religiosas. La comodidad para trasladarlo permitió que se convirtiera en un elemento fundamental para el acompañamiento de los sonidos sacros y los cantos litúrgicos. Su creador fue el alemán Heinrich Band, y existen diferentes teorías de cómo este particular instrumento llegó a Buenos Aires y fue “adoptado” por la música ciudadana, hasta convertirse en una asociación imposible de separar: no existe tango sin bandoneón.

Desde su nacimiento, el Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA) de Roca,dirigido por Norberto Mario Rajneri, incluyó al instrumento en la oferta académica de la institución. Pero recién comenzaron a impartirse clases alrededor del 2000, debido a la falta de un docente especializado.

El maestro Orlando Tumini sería el responsable de formar a los primeros alumnos y de acompañarlos en un trayecto de constante crecimiento teórico y práctico.

El fallecimiento del exquisito docente en el 2005, dejaría a los estudiantes y al IUPA con una gran ausencia no sólo humana sino también profesional que, sería reemplazada con el arribo de un nuevo referente del instrumento, Ricardo Fiorio, en el 2007.

A pesar de esos tres años en los que el bandoneón no se dictó en el IUPA, un grupo de estudiantes se mantuvo fiel al instrumento, y continuó cursando únicamente las asignaturas anexas.

Entre ellos, se encontraba Pablo Borgia, un joven que había llegado de Zapala y que, poco a poco, había adoptado al bandoneón como una parte fundamental de su vida.

Hoy, a los 28 años, el músico se transforma en el primer egresado de esta especialidad, en la historia del ente educativo, y planifica un futuro profesional que le posibilite seguir creciendo.

“Siempre me gustó el bandoneón, a pesar de que no existe ningún antecedente en la familia. Cuando era chico, escuchaba a mi abuelo con su radio, y me apasionaba, como cuando veía algún concierto en la televisión”, afirma Pablo con emoción. Hoy, el camino recorrido ha sido largo, y recuerda como terminó de decidirse al presenciar un concierto en vivo del maestro Tumini, en el 2000.

Su llegada a Roca, luego de terminar el secundario, lo tuvo ocupado entre el IUPA, y la carrera de Comunicación Social en la Universidad Nacional del Comahue, pero, en sus palabras: “Estaba más en el IUPA que en la Universidad. El bandoneón me gustaba más, es un instrumento complejo que requiere mucha paciencia, pero siempre estuve dispuesto a estudiar y capacitarme”.

En ese camino, conoció a sus maestros, Tumini y Fiorio, para los que sólo tiene palabras de afecto y agradecimiento, y compartió el escenario con ambos, en diferentes conciertos de agrupaciones de Fundación Cultural Patagonia. También formó parte de grupos fundamentales de la escena local, como el Cuarteto Cabulero, con el que estuvo tres años; Enrique Nicolás Trío; y la Orquesta Crítica Clandestina, a la que pertenece desde hace cuatro temporadas. Con muchos de estos conjuntos actúo en Roca, Cipolletti, Neuquén, Choele Choel, Luis Beltrán, Bahía Blanca, Esquel, y Chile, entre otros destinos, y trazó una experiencia profesional en la que puso en práctica todos los conocimientos adquiridos. Un aprendizaje que cimentó en el IUPA con horas y horas de ensayo: “Esto es una carrera, la mayoría de las personas no tiene noción de la cantidad de materias que hay que estudiar. Si te lo tomás en serio, requiere muchas horas de estudio”, expresa.

Luego de la muerte de Tumini, no pensó en abandonar, y aguardó paciente hasta la llegada de Fiorio. “Nunca se me cruzó por la cabeza dejar, no hubiera ido a estudiar a otro lugar que no sea el IUPA”, afirma convencido. Y hoy, esa certeza le brinda sus frutos.

Mientras planifica trasladarse a la ciudad de La Plata el próximo año para continuar capacitándose, también desea construir una carrera sobre los escenarios nacionales, en los que pueda disfrutar y compartir su arte. El exterior no está entre sus opciones, pero sí acceder a perfeccionamientos con maestros de la talla de Julio Pane y Néstor Marconi, referentes por excelencia del bandoneón, a nivel nacional e internacional.

Atrás quedaron innumerables jornadas de estudio en el IUPA con el apoyo de seminarios como el que brindó el maestro Román Rosso; y muchas más sobre los escenarios. Hoy, el futuro de Pablo Borgia, el “Tano” para sus amigos, se cristaliza en un camino que le deparará nuevas experiencias junto al bandoneón, ese instrumento que es una pieza fundamental de su existencia. Y que seguirá siendo su compañero en este nuevo trayecto.

Fuente:Diario Rio Negro SA.12/12/2010

 

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